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segunda pisada

Es en los pequeños detalles
donde encuentro el sentido
a todo esto.

Cuando despierto y observo
las gotas del agua
al amanecer.

Hijas del Sol,
imitaciones perfectas y efímeras
como el amor.

Me mantienen viva
los brotes verdes
que, sin permiso,
enraizaron en mi memoria
cuando salí de todo, hasta de mí.

Me encontré abandonada
por mí misma,
que es la confianza y la fe

por existir.
Y conocí el lodo
y el ungüento que me tenía,
a buen recaudo, preparado.

El veneno
para conocer la profundidad
de todo esto,
y sanarme al fin.

Ahí supe
de la existencia
de la magia y de los dos instantes:
el día en que naces
y el día en el que descubres
para qué has nacido.
Por fin puedo sentirme desnuda,
libre.

Pero no volando como un pájaro, NO
aquí.

En el suelo caliente, frío o húmedo
bajo mis pies descalzos.

Tallos verdes junto a mis venas.
Recorren mi cuerpo, serpentean.

Y estos versos de vidrio
me establecen en la diacronía
de un devenir
que mi impulsa a crear.

Pero, sin más,
hay instantes que cuestionan un presente
y me permito caer,
caer en la incertidumbre y la pesadez
o ambas
a la vez.

La vida es una pérdida constante
y un comienzo continuo.
Y es por eso que aún no sé
SI SALIR A CORRER
PARA ALCANZAR
O PARA HUIR.

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