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[Reflexiodando]

Hoy he desayunado café frío y tostadas quemadas porque he decidido pensar en el tiempo conceptual y no en  satisfacer mi hambre de resaca ni calmar mi pastosa sed arterial.

Después de soñar contigo mi mente se encuentra ocupada y consigue que mi cuerpo olvide sus necesidades básicas y que a mi yo racional le de igual.

Encuentro a la soledad en este día de lluvia tras la ventana y sin pensarlo he abierto de par en par cada cristal para que se cuele en mi mañana. Quiero mimetizarme con el invierno de la ciudad. Quiero ser banco mojado, papelera vacía, botella de cristal… Quiero darme este momento existencial, cuando nadie me piensa, para pensarme sin prisa y sin saborear.

Es algo extraño. Anoche, todas las preguntas y movidas de trago no me dejaron dormir y ahora que son casi las tres ya se han desintegrado como las tostadas en mi estómago gracias a la acidez del café. Estoy bien, o eso quiero creer, pero me olvido tan pronto de las cosas… ¡Por eso me es muy difícil serme siempre fiel! ¡Aunque suene a tópico no soy como ese tipo de mujer!

Solo me ha bastado un cigarro, el portátil, y las variaciones de guitarra de Tárrega para despertarme de buen humor y ponerme a escribir esto del tirón. De cuando en cuando leo, medito y bailo hasta el baño tras beber cada tanto dos de agua de litro pero ahora tengo frío. Mejor voy a cerrar las ventanas, a ponerme de nuevo el pijama y a mirar a un punto fijo.

Alucino. Hacía tiempo que no vivía tan inspirada de continuo. Creo que mientras invento las respuestas ellas solas se condensan en la copa de vino.

Me repito, o de nuevo es culpa de la comida, el arroz congelado indio.

Seguro que tan pronto como cierre los ojos acabará el ciclo aunque… Me cuesta dormir la siesta cuando ahí fuera parece que empieza la escena en la que la abuela barre el jardín mientras la lluvia le peina. Oh, esa escena.

Basta. Ya he gastado mucho tiempo consumiendo y cultivando, consumiendo y cultivando. Voy a quemarlo todo y voy a tapiar las puertas. Si, eso es lo que haré. Voy a salir  y voy a ser yo la que arda en la noche y toda Rávena verá como, de nuevo, el frío quema.

Cerca de los 0 grados.

Dicen que unas manos frías son un corazón caliente pero nadie sabe lo que le ocurre al corazón cuando las manos se congelan…

Aunque creo que yo sí.

angela-davis-2

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