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¿ r e s p i r a ?

Lo llaman ansiedad pero en realidad es como… Olvidar que tengo que salir a tomar el aire de la superficie. De repente se me olvida el mecanismo y  voy acostumbrándome a una pizca de oxígeno porque cada vez me falta menos y aguanto más. Mi cuerpo se las ha apañado para llegar hasta donde estoy  y no voy a renunciar ahora. Estoy cada vez más cerca de mi objetivo pero más lejos del principio. Más lejos de ese primer origen. Voy bajando, cada vez más, aguantando el aire. Ahora que soy joven y puedo. Voy adentrándome mientras veo hacia atrás la distancia que he alcanzado. Me felicitan e incluso has adelgazado. Y cuando menos me lo espero, ¡uhum!, me falta el aire…

Entonces, apresuradamente, subo de nuevo a respirar y al poco vuelvo a estar donde me quedé. Ahí, en no se sabe dónde, pero ojo, de admirable profundidad. Me acostumbro a la carencia de aire y reniego de la superficie, ésta, se volvió alegoría cuando aprendí a nadar a contracorriente y ahora me supone más esfuerzo salir a tomar el aire que administrarlo. A esto, también lo llaman adaptación. 

Por eso olvido también cómo es estar sobre la superficie… Tomando todo el aire que me pertenece, que es mío por existencia.

Es así  y una no se da cuenta de esto normalmente. Una no sabe que se está ahogando hasta que no conoce el cansancio que supone no respirar. Y no te ahogas porque no sepas nadar, sino porque olvidas salir a tomar el aire. Se te olvida que puedes elegir, se te olvida que eres libre por existencia.

Libre como el aire, y aire, como parte de esas pequeñas dosis de libertad que compensan el deber de tener que aguantar y cumplir con las obligaciones, responsabilizarte de tus relaciones, solucionar tus movidas y querer sonreír siempre.  

Pero una no se da cuenta de esto normalmente. Una no sabe que se está ahogando hasta que no conoce el cansancio que supone no respirar. Y no me ahogo porque no sepa nadar, sino porque se me olvida salir a tomar el aire de la superficie. Se me olvida la libertad. 

Y mi profundidad, pues sí, tiene esas cosas. Por un lado es agradable sumergirme hacia lo hondo. Bajar cada vez más y más, sin límite, ni espacio, ni miedo y no pensar en que pueda faltarme el aire. Me dejo  caer, en mi mente, atrapada como las partículas del polvo en el océano. Vagando por mis abismos. Aquí y allá. Flotando por las corrientes de mis ideas. De lo efímero y lo imperecedero. De lo que sí y lo que no. Esto o lo otro, da igual lo que sea, lo que quieras. Porque toda profundidad es igual. Igual de tentadora como de desconocida. Igual de sumisa.

Lo llaman ansiedad pero para mí es, quizás, carencia de libertad.

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