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haz, crea, siente, vive

Cuando el ovillo se teje con rigidez, hay etapas que te invitan a parar y destensar.
Y ahí debemos recordar, que todo es temporal, esto también.

Hay dolores en el pecho que solo se van al bailar.
Al dejar espacio, dejarse enfriar.

Porque el trazo de la poesía sea, para el alma ermitaña, el tic-toc de un nuevo cantar.
Desvincularnos para vincularnos, a otras partes de nosotras y nosotros mismos.
En un balance preciso, palpable y mágico, por encima de todos nuestros cuerpos.
Y a pesar de todo, nos hace sonreír.

Yace mi cuerpo en el séptimo cielo, ansiar ser efímera, mas estar bien presente en lo que vivo.
Mi piel mudó, se adaptó un poco más.
Mi vientre se lamió sus heridas y abrazó sus errores.
Todo mi cuerpo se estiró y aprendió a respirar,
al fin y al cabo,
la vida, con sus minutos y segundos.

Siempre hay tiempo, para invitarse a bailar, para invitarse a jugar.

 

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