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LEÓN

La agitación ante la contradicción,
es el precio de vivir.

Traigo el discurso como el golpe
en el pecho tras el tiempo divino.
Juego con los factores externos
que influyen en mi éxito.
Y me trago, de un golpe,
el bálsamo del salmo
que tú me sentenciaste.
Tu composición poética
de alabanza,
es difícil no extrañarla.

Soñando un futuro mejor
en unos cuantos versos
y hago que el universo
llore por mí.

Mi inicial te persigue,
todos te hablan
y acaban mencionándome
a mí.
Y continuas admirando
lo que era.
Quizá los cientos de rituales
que llevé a cabo,
no funcionaron
y aún estás aquí.

En noches así te llamaría,
nervioso me contestarías
y haríamos té
para conversar el tiempo
necesario hasta el ocaso.

Abrocha tu cintura, te pido.
Agarra tus manos al asiento
y clava tu mirada
en lo que traigo para ti.

No hay más llamas en nuestra selva,
eres un reflejo del león de mi cuerpo;
eres uno más, eres uno de los nuestros.
No pudimos amarnos más, compañero.
Estamos condenados a no separarnos.
A pesar del tiempo,
a pesar de no vernos.

Me juntabas y me separabas
y yo ponía luz a tus cicatrices
para verte sufrir.

Tu llanto en mí
era el motivo para seguir.
Dime si no era así…

Eres el artista que se reflejó en mí,
y me abriste, entera;
como nadie más me pudo abrir.

Soy,
lo que decidí, contigo, que creciera.
Y tu herencia vivo hoy,
y la amo, te prometo que sí.

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