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El legado del útero

Todo lo que hacemos
podría ser un legado
para otros.
Lo que queda escrito,
lo que se siente, se dice y se comparte
pero , sobretodo,
lo que una hace
en base a todo lo anterior.

Una se despierta y continúa el respiro,
el café, el té, el pan
y a seguir el camino.
Automáticamente
te atas las bambas
y sales a intentar.
A intentar jugar,
jugándote el ritmo.

Se derrumba ante el lago
de lava, de un más allá.
Se propone, sin prisas,
derramarse en el oficio
que empeña en un presente.
¿Y el resto?
Ay, el resto, ya se andará.

No pretende la lírica
Inconexa.
Y la incoherencia de, al escrito,
dejar escapar al comenzar.

La autenticidad reside en el útero
que la vio comenzar.
Y fuera de dicha ley,
no la abraza ninguna otra
legalidad.

Ven y dile, con estilo,
cómo sabe desde fuera
su ritmo.
Ven y sube esa falda
que pide a gritos
un par de palmas.
Es sencillo al principio,
luego siempre me complico.

Es desarrollo de un palique
nativo.
No cuesta, ni se siente,
y no siempre lo recuerda
al día siguiente.

Y si se siente y duele,
aún merece más el tiempo
para crear las penas necesarias
y seguir haciéndolo.

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