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Guitarra: Leon Olivetti

Naciste siendo mar y montaña, aire puro y fresco de cumbre.

Creciste como semilla de romero y te mantuviste fresco sobre la estepa árida del sur.

Aprendiste de los árboles cómo alzarte para ser hermano del Sol.

Cantabas a la Luna, sin saber que la Luna era yo.

Desempolvaste tu aroma hasta llegar a alcanzarme y embriagarme de presencia en tu plenitud.

Fuiste ungüento en mis heridas y calor en mi vientre, analgésico para mis derramamientos de sangre.

Quisiste buscar otros lugares.

Marcharte como migran las aves en busca de otro verano, lejos de este.

Jamás te gustó el invierno pero yo habité uno de ellos contigo. Entre madera de pino y fuego.

Ahora me da por recordarte así, orgánico.

Pero cuando volviste no trajiste la hermosura de otro espacio, ni siquiera flores para mi.

Volviste con las manos vacías y la mente ocupada.

Te rodeaban vientos y oleajes.

Y yo permanecí en silencio tratando de ser tu calma.

Pero mi calma no te bastó.

Te perdiste sin dejar estela de luz a pesar de que caminabas sobre las estrellas.

Siempre que te miro ahora veo a un ser inerte, de plástico.

Pero una parte de mi lucha contra eso, lucha por mantenerte vivo como antes.

Una parte de mi te recuerda porque no acepto tal realidad.

Porque solo puedo amar lo que eras u odiar en lo que te has convertido.

Dime cómo alcanzar ese equilibrio.

 

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