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Volver a recordar

Hace una mitad de década,
escribía lo siguiente:
‘’Y eso es lo bueno de sentirse amado,
no sentirte solo’’.

También dibujaba en mis folios:
’No tiene por qué haber
una relación amorosa
en la definición de AMAR’’.

Y ahora, en el futuro de esas palabras jóvenes,
canta el duende que una lleva dentro:

Vengan los sentimientos
de ser feliz,
vengan a mí,
jueguen en mí.

El color del amor es libre
como su aroma envolvente
primero hacia mí
después hacia ti
para quererte bien
para no morir.

Vengan a mí,
en todas direcciones
las posibilidades de amor
y de amar.
Las que no mencionas
porque no tienen molde
en el que encajar,
las que te dejan vagando
porque con la misma intensidad y fuego
con la que vinieron
se van,
Y qué casualidad
que vuelven
para volver
a doler.

Poco importa el decoro
cuando
la
raíz
está
podrida.

Vengan a mí
la capacidad de escucha
para respetar
la otredad
la existencia del otro.

El amor hacia cada partícula invisible de una luz que me devora. La seguridad de unas palabras repetidas como un mantra que vibra sin cantarlo, de una boca que rebosa el dulce y fabrica ácido en la colocación minuciosa de sus palabras.

Así vivir el proceso,
de vuelta a la raíz
para sanar
lo moribundo
del alma
descuidada.

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