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CIERRE DE CICLO

Liberación

”Al corazón, le ponemos palabras”.
AUDIO – Poema recitado →   BSO: Baiuca 

.

La música nunca es interrumpida,
eres tú y el correr de la sangre
por tu cuerpo.
Eres tú
y tu propio sonido.

Siento el repique del bombo
en mi cuerpo,
-últimamente no dejo de soñar-
y por fin con los ojos abiertos.
Son etapas,
y debiéramos reconocer
que muchas veces caminamos
ciegos.

Que quizá te empiezas a conocer
con el otro
cuando se pierde el compromiso
al vínculo pseudoeterno.
Y sale todo
lo que estaba dentro
pero no era el momento.

En su regazo amoroso,
más tierna que la ternura,
soñaba sueño quimérico.
-Era la redundancia
que no sabía cómo interrumpirla-.

Quedan tranquilas mis palabras
porque he sido fiel
a mí misma:

-Es la constante que me guía,
la luna reflejada en mis medias
y en el deseo de caricias
que me las quiten
por las noches,
acariciándonos en sábanas nuevas.

Dejar esta ingrata vida,
al blando son de sus rezos
-te toca vivir tu propio reflejo-.

Mas, la dulce madre mía,
sintió el corazón enfermo.
Que de ternura y dolores,
¡ay! Derritiose en su pecho.

Creíame en lo bueno
sin saber que está por venir lo mejor.
Vuelvo a repetir
Quedan tranquilas mis palabras
porque he sido fiel a mí misma – .

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Orilla deliciosa

Abrazo mi pereza
cuando deseo mi presencia.

Cual ermitaña en su soledad
perdidamente acompañada.

Es intermitente el deseo de cambio,
el modelar a mi antojo mis hábitos.

Ese ha sido siempre mi deseo
al cerrar los ojos.
Antes de soplar las velas
me gusta cantarle
a la libertad.

Me armé de hierros,
en su día
diáfanos los posos
de alegría en mis copas.

Por esa decadencia
decidí tirar pa’ lante.
Por repartir mis restos
y el alma seca,
a tierra removida
perfecta para la siembra.

Quise creer mi delirio febril,
y ser todo lo que quiera ser,
recorriendo paraísos
en dosis cariñosamente
medidas.

Sé quien soy
hasta que no lo sé.

Y así…

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Un vino al atarceder

Regresan los pescadores de la jornada de miel, pegajosa como sus aguas de mar. Sus rostros atardecidos, liberando esa tranquilidad de alta vibración, por ser nítida y pura.

Estoy sentada en el chaflán de mi puerta, aireando mis rizos y escuchando la música de la temprana noche en mi calle preferida. Sendero de plantas, copas de vino, risas y entrañables recados, a cualquier hora. Me siento diosa al sentir hogar, cualquier lugar, cualquier nueva oportunidad.

Cuando se sueña alto y claro, hay que andar con cuidado,
porque se puede cumplir.

Y así me encuentro, transportada a otra etapa a través de la intuición. Pero aún sigo aquí, en el mismo cuerpo, en su cuarto que es su templo. Con el ‘Lofi’ de cada noche en mis oídos, estudiando los ritmos que mi alma pide.

Perdida en mis amores y vicios, el eje sigue bailando conmigo. Aspirando a no conformarme, a conocer otros pigmentos con los que decorar mi esfera. Eso conlleva desestabilizarse por momentos para conocer impulsos antes desconocidos.

Enciendo la hierba que entra a otro estado conmigo, cuando mi chaflán se llena de seres queridos. Curioseamos la magia de la vida, ahondamos en los movimientos de las estrellas y trazamos conexiones con los actos cotidianos de nuestras vidas.

Como la llegada de los pescadores y un buen vino al atardecer..., con amores y vicios.

Sin título

¿Disculpa? Lo cierto…

I

Disculpa
si pretendo ser sincera
en medio de mi propio des- concierto.

Si reposan en mis manos
los alambres que soldaron
mis heridas
y ahora sus nervios
no tienen otra misión
que la de trabajar y crear.

Disculpa,
si no supe hacerlo
de otra manera,
aún no conozco
todas las sabidurías
ni toda la práctica
pranayámica
para ser el vivo reflejo del buda
caminando por el asfalto
con una ola de calor
a su espalda.

Lo cierto
es que la luna me enseña
la utilidad de la incertidumbre.
Lo que el universo viene a enseñar,
siendo todos nosotros ‘parte de’.

Lo cierto.
Es que a veces no sé,
y siendo mi palabra preferida,
me desaprendo en todo momento
para encontrar lo divertido
en mi cuarto, que es sol abrasador,
siempre sola y desnuda,
en busca del frío de la luna.

II

Soy una rata que busca perlas
en las alcantarillas.
Aquellas que lucen un brillo
como el tuyo.
Eclipsando todos los males de la vida,
permitiendo olvidarme de las cuentas
del tiempo.
Y despegar como un cohete, olvidando la banalidad
de la tierra.

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El legado del útero

Todo lo que hacemos
podría ser un legado
para otros.
Lo que queda escrito,
lo que se siente, se dice y se comparte
pero , sobretodo,
lo que una hace
en base a todo lo anterior.

Una se despierta y continúa el respiro,
el café, el té, el pan
y a seguir el camino.
Automáticamente
te atas las bambas
y sales a intentar.
A intentar jugar,
jugándote el ritmo.

Se derrumba ante el lago
de lava, de un más allá.
Se propone, sin prisas,
derramarse en el oficio
que empeña en un presente.
¿Y el resto?
Ay, el resto, ya se andará.

No pretende la lírica
Inconexa.
Y la incoherencia de, al escrito,
dejar escapar al comenzar.

La autenticidad reside en el útero
que la vio comenzar.
Y fuera de dicha ley,
no la abraza ninguna otra
legalidad.

Ven y dile, con estilo,
cómo sabe desde fuera
su ritmo.
Ven y sube esa falda
que pide a gritos
un par de palmas.
Es sencillo al principio,
luego siempre me complico.

Es desarrollo de un palique
nativo.
No cuesta, ni se siente,
y no siempre lo recuerda
al día siguiente.

Y si se siente y duele,
aún merece más el tiempo
para crear las penas necesarias
y seguir haciéndolo.

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Volver a recordar

Hace una mitad de década,
escribía lo siguiente:
‘’Y eso es lo bueno de sentirse amado,
no sentirte solo’’.

También dibujaba en mis folios:
’No tiene por qué haber
una relación amorosa
en la definición de AMAR’’.

Y ahora, en el futuro de esas palabras jóvenes,
canta el duende que una lleva dentro:

Vengan los sentimientos
de ser feliz,
vengan a mí,
jueguen en mí.

El color del amor es libre
como su aroma envolvente
primero hacia mí
después hacia ti
para quererte bien
para no morir.

Vengan a mí,
en todas direcciones
las posibilidades de amor
y de amar.
Las que no mencionas
porque no tienen molde
en el que encajar,
las que te dejan vagando
porque con la misma intensidad y fuego
con la que vinieron
se van,
Y qué casualidad
que vuelven
para volver
a doler.

Poco importa el decoro
cuando
la
raíz
está
podrida.

Vengan a mí
la capacidad de escucha
para respetar
la otredad
la existencia del otro.

El amor hacia cada partícula invisible de una luz que me devora. La seguridad de unas palabras repetidas como un mantra que vibra sin cantarlo, de una boca que rebosa el dulce y fabrica ácido en la colocación minuciosa de sus palabras.

Así vivir el proceso,
de vuelta a la raíz
para sanar
lo moribundo
del alma
descuidada.

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segunda pisada

Es en los pequeños detalles
donde encuentro el sentido
a todo esto.

Cuando despierto y observo
las gotas del agua
al amanecer.

Hijas del Sol,
imitaciones perfectas y efímeras
como el amor.

Me mantienen viva
los brotes verdes
que, sin permiso,
enraizaron en mi memoria
cuando salí de todo, hasta de mí.

Me encontré abandonada
por mí misma,
que es la confianza y la fe

por existir.
Y conocí el lodo
y el ungüento que me tenía,
a buen recaudo, preparado.

El veneno
para conocer la profundidad
de todo esto,
y sanarme al fin.

Ahí supe
de la existencia
de la magia y de los dos instantes:
el día en que naces
y el día en el que descubres
para qué has nacido.
Por fin puedo sentirme desnuda,
libre.

Pero no volando como un pájaro, NO
aquí.

En el suelo caliente, frío o húmedo
bajo mis pies descalzos.

Tallos verdes junto a mis venas.
Recorren mi cuerpo, serpentean.

Y estos versos de vidrio
me establecen en la diacronía
de un devenir
que mi impulsa a crear.

Pero, sin más,
hay instantes que cuestionan un presente
y me permito caer,
caer en la incertidumbre y la pesadez
o ambas
a la vez.

La vida es una pérdida constante
y un comienzo continuo.
Y es por eso que aún no sé
SI SALIR A CORRER
PARA ALCANZAR
O PARA HUIR.

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ésta es la idea

Por fin puedo sentirme desnuda,

libre.

Pero no volando como un pájaro,

aquí.

En el suelo caliente, frío o húmedo

bajo mis pies descalzos.

Tallos verdes junto a mis venas.

Recorren mi cuerpo, serpentean.

Y estos versos de vidrio

me establecen en la diacronía

de un devenir

que mi impulsa a crear.

Pero, sin más,

hay instantes que cuestionan un presente

y me permito caer,

caer en la incertidumbre y la pesadez

o ambas

a la vez.

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Rabo de Nube. Léeme.

El insomnio lo provoca la búsqueda incesante de una cura.
Encuentro el placer en volver a jugarnos.
En re-encontrarnos, vulnerables,
dóciles ante las llamas
de los Leo que queman.

Gastabas tu vida junto a la mía
y yo me acostumbré a tus caricias.
Y nos llorábamos 
en los malos momentos.
Fuiste la brisa necesaria
en el instante y el lugar
adecuado.
Tan acertado en el beso,
que dejaste grabado
en mí
como amuleto.

 

tejedora

ALICIENTE

Hoy hay una entrada para ti, compañera del alma, perla del Pacífico… Alicia.

Todo es un misterio, como si el destino fuese un remolino de vida loca, poderoso y místico. Y ese remolino, en que todo se hace nuevo, espontáneo, siempre hay cabida para pensar en ti. Acabo de darme cuenta que el corrector de mi teclado me ofrece ‘’aliciente’’ cuando escribo ‘’Alicieti’’ y fíjate si es listo que lo sabe…, sin tener un corazón como el mío, que palpita aunque mi mente pulse y diga ‘’apagar’’. Me ha llevado a ese concepto: aliciente, definido como un aspecto positivo de algo, que sirve de estímulo y mueve a una persona a realizar una acción o a actuar de una determinada manera. Es probable que tú para mí seas ese ‘’yin’’ positivo, ese estímulo que mueve a mi persona a asemejarse un poquito a lo que tú eres, para empezar a encontrarle pedazos al mundo y ser mejor persona.

A veces siento que me faltas y busco cómo darle consuelo al alma, pero sé que te tengo y no hay lejanía que justifique nada.  Sé muy bien que en nuestra dinámica diaria no estamos muy presentes. Pero quiero que sepas que , sin esperarlo, siempre voy a estar ahí, ofreciéndote el amor que siempre dejé crecer en mí para dártelo a ti, cuando así sea, siempre que te veo. Amor del bueno, sincero, del que no se pide, amiga mía…Y aunque muchas veces extraño tus gestos y tus ganas…, me consuelo en lo inexplicable de esta vida loca, con su loca realidad. Es decir, en nada.

Hay tantas cosas que me suceden y las charro conmigo misma y en ocasiones imagino que te las estoy contando a ti. Y tú siempre con ese gesto sereno, inamovible. Tan diferente al mío y tan sabio. Te escribo recordando tus entradas fortuitas en mi habitación para usurpar mi diario y leerlo, me encantaba que lo hicieses y, ¿sabes por qué? Porque visibilizabas una de mis razones de vivir, la escritura, y hacías un momento precioso por conocer qué podía escribir tu amiga y, si de casualidad, alguna vez te escribía a ti.Y como siempre has esperado tu poema, decirte que son muchas las veces que estabas detrás para inspirar a todas las mujeres o personas a las que he creado en mis fantasías, en mis hojas en blanco que han acabado siendo textos sagrados para mi intimidad.

Deseo que seas valiente en todos tus intentos, que experimentes todo lo que busques  y se te ofrezca, que vivas el instante y luego lo pienses… Y que yo esté ahí, para observarte.

Si el amor tuviese un sonido…, podría ser el bombeo de mi sangre cuando estoy contigo. Y nosotras seríamos la banda que lo tocaría. Con poesía.

”Éste es tu árbol, tú estás sentada en él”.

Para ti, mi aliciente.

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