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El legado del útero

Todo lo que hacemos
podría ser un legado
para otros.
Lo que queda escrito,
lo que se siente, se dice y se comparte
pero , sobretodo,
lo que una hace
en base a todo lo anterior.

Una se despierta y continúa el respiro,
el café, el té, el pan
y a seguir el camino.
Automáticamente
te atas las bambas
y sales a intentar.
A intentar jugar,
jugándote el ritmo.

Se derrumba ante el lago
de lava, de un más allá.
Se propone, sin prisas,
derramarse en el oficio
que empeña en un presente.
¿Y el resto?
Ay, el resto, ya se andará.

No pretende la lírica
Inconexa.
Y la incoherencia de, al escrito,
dejar escapar al comenzar.

La autenticidad reside en el útero
que la vio comenzar.
Y fuera de dicha ley,
no la abraza ninguna otra
legalidad.

Ven y dile, con estilo,
cómo sabe desde fuera
su ritmo.
Ven y sube esa falda
que pide a gritos
un par de palmas.
Es sencillo al principio,
luego siempre me complico.

Es desarrollo de un palique
nativo.
No cuesta, ni se siente,
y no siempre lo recuerda
al día siguiente.

Y si se siente y duele,
aún merece más el tiempo
para crear las penas necesarias
y seguir haciéndolo.

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Volver a recordar

Hace una mitad de década,
escribía lo siguiente:
‘’Y eso es lo bueno de sentirse amado,
no sentirte solo’’.

También dibujaba en mis folios:
’No tiene por qué haber
una relación amorosa
en la definición de AMAR’’.

Y ahora, en el futuro de esas palabras jóvenes,
canta el duende que una lleva dentro:

Vengan los sentimientos
de ser feliz,
vengan a mí,
jueguen en mí.

El color del amor es libre
como su aroma envolvente
primero hacia mí
después hacia ti
para quererte bien
para no morir.

Vengan a mí,
en todas direcciones
las posibilidades de amor
y de amar.
Las que no mencionas
porque no tienen molde
en el que encajar,
las que te dejan vagando
porque con la misma intensidad y fuego
con la que vinieron
se van,
Y qué casualidad
que vuelven
para volver
a doler.

Poco importa el decoro
cuando
la
raíz
está
podrida.

Vengan a mí
la capacidad de escucha
para respetar
la otredad
la existencia del otro.

El amor hacia cada partícula invisible de una luz que me devora. La seguridad de unas palabras repetidas como un mantra que vibra sin cantarlo, de una boca que rebosa el dulce y fabrica ácido en la colocación minuciosa de sus palabras.

Así vivir el proceso,
de vuelta a la raíz
para sanar
lo moribundo
del alma
descuidada.

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segunda pisada

Es en los pequeños detalles
donde encuentro el sentido
a todo esto.

Cuando despierto y observo
las gotas del agua
al amanecer.

Hijas del Sol,
imitaciones perfectas y efímeras
como el amor.

Me mantienen viva
los brotes verdes
que, sin permiso,
enraizaron en mi memoria
cuando salí de todo, hasta de mí.

Me encontré abandonada
por mí misma,
que es la confianza y la fe

por existir.
Y conocí el lodo
y el ungüento que me tenía,
a buen recaudo, preparado.

El veneno
para conocer la profundidad
de todo esto,
y sanarme al fin.

Ahí supe
de la existencia
de la magia y de los dos instantes:
el día en que naces
y el día en el que descubres
para qué has nacido.
Por fin puedo sentirme desnuda,
libre.

Pero no volando como un pájaro, NO
aquí.

En el suelo caliente, frío o húmedo
bajo mis pies descalzos.

Tallos verdes junto a mis venas.
Recorren mi cuerpo, serpentean.

Y estos versos de vidrio
me establecen en la diacronía
de un devenir
que mi impulsa a crear.

Pero, sin más,
hay instantes que cuestionan un presente
y me permito caer,
caer en la incertidumbre y la pesadez
o ambas
a la vez.

La vida es una pérdida constante
y un comienzo continuo.
Y es por eso que aún no sé
SI SALIR A CORRER
PARA ALCANZAR
O PARA HUIR.

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ésta es la idea

Por fin puedo sentirme desnuda,

libre.

Pero no volando como un pájaro,

aquí.

En el suelo caliente, frío o húmedo

bajo mis pies descalzos.

Tallos verdes junto a mis venas.

Recorren mi cuerpo, serpentean.

Y estos versos de vidrio

me establecen en la diacronía

de un devenir

que mi impulsa a crear.

Pero, sin más,

hay instantes que cuestionan un presente

y me permito caer,

caer en la incertidumbre y la pesadez

o ambas

a la vez.

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Rabo de Nube. Léeme.

El insomnio lo provoca la búsqueda incesante de una cura.
Encuentro el placer en volver a jugarnos.
En re-encontrarnos, vulnerables,
dóciles ante las llamas
de los Leo que queman.

Gastabas tu vida junto a la mía
y yo me acostumbré a tus caricias.
Y nos llorábamos 
en los malos momentos.
Fuiste la brisa necesaria
en el instante y el lugar
adecuado.
Tan acertado en el beso,
que dejaste grabado
en mí
como amuleto.

 

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ALICIENTE

Hoy hay una entrada para ti, compañera del alma, perla del Pacífico… Alicia.

Todo es un misterio, como si el destino fuese un remolino de vida loca, poderoso y místico. Y ese remolino, en que todo se hace nuevo, espontáneo, siempre hay cabida para pensar en ti. Acabo de darme cuenta que el corrector de mi teclado me ofrece ‘’aliciente’’ cuando escribo ‘’Alicieti’’ y fíjate si es listo que lo sabe…, sin tener un corazón como el mío, que palpita aunque mi mente pulse y diga ‘’apagar’’. Me ha llevado a ese concepto: aliciente, definido como un aspecto positivo de algo, que sirve de estímulo y mueve a una persona a realizar una acción o a actuar de una determinada manera. Es probable que tú para mí seas ese ‘’yin’’ positivo, ese estímulo que mueve a mi persona a asemejarse un poquito a lo que tú eres, para empezar a encontrarle pedazos al mundo y ser mejor persona.

A veces siento que me faltas y busco cómo darle consuelo al alma, pero sé que te tengo y no hay lejanía que justifique nada.  Sé muy bien que en nuestra dinámica diaria no estamos muy presentes. Pero quiero que sepas que , sin esperarlo, siempre voy a estar ahí, ofreciéndote el amor que siempre dejé crecer en mí para dártelo a ti, cuando así sea, siempre que te veo. Amor del bueno, sincero, del que no se pide, amiga mía…Y aunque muchas veces extraño tus gestos y tus ganas…, me consuelo en lo inexplicable de esta vida loca, con su loca realidad. Es decir, en nada.

Hay tantas cosas que me suceden y las charro conmigo misma y en ocasiones imagino que te las estoy contando a ti. Y tú siempre con ese gesto sereno, inamovible. Tan diferente al mío y tan sabio. Te escribo recordando tus entradas fortuitas en mi habitación para usurpar mi diario y leerlo, me encantaba que lo hicieses y, ¿sabes por qué? Porque visibilizabas una de mis razones de vivir, la escritura, y hacías un momento precioso por conocer qué podía escribir tu amiga y, si de casualidad, alguna vez te escribía a ti.Y como siempre has esperado tu poema, decirte que son muchas las veces que estabas detrás para inspirar a todas las mujeres o personas a las que he creado en mis fantasías, en mis hojas en blanco que han acabado siendo textos sagrados para mi intimidad.

Deseo que seas valiente en todos tus intentos, que experimentes todo lo que busques  y se te ofrezca, que vivas el instante y luego lo pienses… Y que yo esté ahí, para observarte.

Si el amor tuviese un sonido…, podría ser el bombeo de mi sangre cuando estoy contigo. Y nosotras seríamos la banda que lo tocaría. Con poesía.

”Éste es tu árbol, tú estás sentada en él”.

Para ti, mi aliciente.

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DONDE LOS MUERTOS SE DIVIERTEN

”Es la época en que la muerte entra muda. Mudo mi cuerpo. Yo me impongo en tu muerte. Yo guarezco tu muda. Tiempo de atenuación, tiempo de purificación, tiempo de lluvias constantes. Lo insensible vibra, lo insensible soporta la noche, brota flores en mitad de la noche, sobre la blanca página… El poema se abre, ésa es tu fuerza…”. Alejandra Pizarnik

La noche
es la guita
que brilla en mi cama
y entre oros me acongojo
por la calma que se escapa.

Si la noche
grita libertad
y sus brillos
me lían.
Y no hay agüita
que calme
esta ría mía.

Echar en falta la rabia
el gancho por querer hacer sangre
para abrir las heridas.
No querer escribir
ni para una misma,
pero es inevitable
que con nada
me tiemblen las manos
y hablan.

Hoy es día
de recuerdos.
Un día de pasados
por el de ayer
que fue volar y perderse en un futuro.
Para el que será mañana,
que seguro,
prometido,
será de lo que es de mí,
del olor de un presente
que , si me pongo,
hasta lo puedo sentir.
Pero no,
lo olvidaba,
hoy es día
de volver a ti
lo que no pudo salir.
Y en este día de pasa(dos),
me dan ganas de salir
a reventarme por ahí.

El poema se abre,

…, ésa es tu fuerza…

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puro cuento

Por eso decido en la noche escribir,
para ser silencio
y llorar a solas el desencanto.

En la carencia y ausencia
de todo
arreglo mi mundo
o lo deshilacho

y tejo la verdad
con mis manos.

I
Sentirse amada
por quienes saben hacerlo
es sentir que no estás pensando en
nada.

II
Me desgarro en tus sujeciones
y bajo hasta abajo
me tienes a tus pies.
Y te miro,
cómplices tus suspiros.
Hoy entro dentro,
eres un diez en mis manos,
estoy segura.
Y todo lo que duela
no será suficiente
para dejar de sentirnos
rozar como animales.
Hoy tengo algunas monedas,
las lanzamos al aire
para soplar nuestro destino.
Lo incierto, lo no escrito
es lo que nos mantiene unidos.
Dime amor,
si no reirías hasta la muerte
y todo al dejarse llevar.
Como yo nado en esos ojos ámbar
que no dejaré escapar.

III
A veces desafino
en el oficio de amar.
Pero no me tiembla el pulso
en el oficio de poeta
y en todas las horas
que con las palabras juego y trabajo
sin percibir el tiempo.

Si las llamas se alzaran
por cada lágrima de mis dedos.
Si cesase el cuestionamiento
mi vida no tendría ningún sentido,
y la desolación
me caería del cielo.
Y mira que rezo y rezo
y siempre cruzo los dedos.

Solo espero que me recuerdes,
cuando las llamas no te dejasen verme
por todas mis sombras
que crearon el fuego.

IV
Me gusta la manera en que me sujetas
y no puedo sino rezar
por un continuo contigo.
Y todo porque me mires.
Y todo por un nada contigo.
De esos que pasan
y una se vuelve niña.
Aunque cada día
tenga que salir a jugar fuera
en manos del sistema
y menos en sí.
Y si todo es tan raro
y una tiene que pagar y pagar
lo que reconforta es encontrarte
en la cama
y empacarte en amor
cada noche
aunque no estés.

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LEÓN

La agitación ante la contradicción,
es el precio de vivir.

Traigo el discurso como el golpe
en el pecho tras el tiempo divino.
Juego con los factores externos
que influyen en mi éxito.
Y me trago, de un golpe,
el bálsamo del salmo
que tú me sentenciaste.
Tu composición poética
de alabanza,
es difícil no extrañarla.

Soñando un futuro mejor
en unos cuantos versos
y hago que el universo
llore por mí.

Mi inicial te persigue,
todos te hablan
y acaban mencionándome
a mí.
Y continuas admirando
lo que era.
Quizá los cientos de rituales
que llevé a cabo,
no funcionaron
y aún estás aquí.

En noches así te llamaría,
nervioso me contestarías
y haríamos té
para conversar el tiempo
necesario hasta el ocaso.

Abrocha tu cintura, te pido.
Agarra tus manos al asiento
y clava tu mirada
en lo que traigo para ti.

No hay más llamas en nuestra selva,
eres un reflejo del león de mi cuerpo;
eres uno más, eres uno de los nuestros.
No pudimos amarnos más, compañero.
Estamos condenados a no separarnos.
A pesar del tiempo,
a pesar de no vernos.

Me juntabas y me separabas
y yo ponía luz a tus cicatrices
para verte sufrir.

Tu llanto en mí
era el motivo para seguir.
Dime si no era así…

Eres el artista que se reflejó en mí,
y me abriste, entera;
como nadie más me pudo abrir.

Soy,
lo que decidí, contigo, que creciera.
Y tu herencia vivo hoy,
y la amo, te prometo que sí.

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SI HOY BRILLARA

Escucho música cuando escribo como quien devora el agua cuando está sediento y hasta le encuentra sabor. Es mi deseo de vivir mediante las palabras, de dejar sellada la miseria de mi ser para cuando ya no esté mi cuerpo por aquí. Es triste mi alma y cuando escribo la dejo moribunda. A veces consigo rescatarme y pienso en todo lo que me contuve y los sacrificios de haber conseguido amarme. Aquí estoy esta noche, consiguiendo alegrarme por tener las ganas de escribirte esto, escribir lo que expresan mis dedos impulsados por un flujo de sangre que quiere desbordarse de un cuerpo que ya es jaula para el alma, como decían al comienzo. De escribirte a ti. De una vida que no cambiaría, sino que volvería a vivirla (para saborearla aún más).

No me hace falta reflexionar en medio del puente.
Hago equilibrios con mis mal sabores
y me quiero a malas penas cuando no respiro.
Cuando congelo el órgano que me tambalea.

Y qué me dicen las voces del mundo
en que no confío.
Los aplausos fríos y contundentes
mantienen mis alas en vuelo permanente.
Pero cuando suena el timbre y asoma el desequilibrio,
aparece la sombra del pensamiento recóndito
que gobierna tu rumbo
sin sonido.

Pero y si hoy brillara en mí todo el oro,
robado.
Decidir encender y aspirar
en un gesto cercano que me proteja.
Tener la receta para calmar los amores
aún a sabiendas de que no pueden moldearse,
viniendo hacia ti como una polvareda,
un vendaval a tu favor.
Y deshacerse (me) en tus ojos
como remedio al hastío
de una representación constante.

Díme que no me quitarás eso.
Suspira tres veces,
y bésame.

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