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Sales de tu cabeza y llegas al corazón

Vas a contar hasta tres, 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐭𝐫𝐞𝐬 𝐬𝐮𝐬𝐩𝐢𝐫𝐨𝐬 y después, vas a irte.
A medida que te alejes más de la cúpula azabache y te acerques hacia el latido púrpura del órgano, más clara te verás, más siendo tú que cualquier otra idea que haya podido confundirte.
𝙳𝚎𝚗𝚝𝚛𝚘. En el interior de los huecos que rodeas de intraversos se encuentra la verdad de la mentira dispuesta a saltar al vacío. Y en ese mismo vacío te das cuenta de que el aire falta y siempre vuelves de nuevo al principio para tratar de entender lo de atrás. Saltar, tomar impulso y notar al menos que 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘻 𝘱𝘰𝘳 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳.

Precipitarte es escribir sobre esto, después de meses. Cuando la mentira se ha olvidado y la verdad se te estremece. De ahí que ahora, tras días y horas de intensa lucha sin desencadenar adrenalina, vuelvas a la melancolía prosaica del teclado transformando el miedo en intrépido poder.
Decía, pues, huecos. Allí están las dichas serenas posadas en el fondo y acumulando espacio. Hay un susurro y otras cosas semejantes a los silencios que tanto recibiste de otros ojos. Está la memoria onírica de los recuerdos y las experiencias que, en algún momento, hicieron que cada hueco desbordara invadiendo hasta la sa(n)grada entrada de tu física.
𝑺𝒆𝒏𝒕𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂𝒔 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒊𝒈𝒖𝒆𝒔 𝒕𝒓𝒂𝒔𝒑𝒂𝒔𝒂𝒓𝒕𝒆. 𝒀 𝒒𝒖é 𝒃𝒐𝒏𝒊𝒕𝒐 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒔 𝒑𝒖𝒓𝒐. 𝒀 𝒒𝒖é 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒍𝒆 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒕𝒆 𝒅𝒊𝒗𝒊𝒅𝒆.
Mas en este centro habitas, en esta matriz semejante a la de todas, apoyas sus miedos y sostienes tu latido hasta pasados los 28 días. Pero no siempre. A veces no es suficiente con respirar. A veces irte se parece más a un volver hacia no saber dónde ni con quién, pero desandando el mismo camino consigues maravillarte con lo que dejaste pasar. A pesar de estar oscuro y hueco. A pesar de esto, te permites tres suspiros antes de salir de tu cabeza y residir, ahora, desde el cora.

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∇∇∇

“Volver a una misma es abrazar la vida”

Cuando lo hago, lo hago despacio. Camino despacio. Fijo mi mirada a todo lo que está posado en el suelo y expando mi pensamiento que alcanza diferentes direcciones. El trayecto entre arena y piedras, cardos y moscas resulta placentero a mi cuerpo. Siempre encuentro algo. Exploro alrededor de mis pasos dedicando unos segundos a observar las huellas que sigo y que me llevan a nuevos lugares desconocidos. 

Oigo a las raíces extenderse para nutrir de salvia al árbol. Oigo cómo la humedad y la roca palpitan. Oigo cómo el búho canta a la bóveda nocturna y cómo el fuego agrieta y estremece la madera. Oigo mi respiración interna y siento como conecta con la expiración y el sudor de la montaña en el amanecer de esta nueva tierra.

Lo hago despacio. Cuando lo hago, respiro despacio. Dejo penetrar cada molécula de aire en mis terminaciones y libero toda pesadez al expirar. Me rindo a la gravedad. Su fuerza me hace permanecer, y en ese estado, alcanzo a llevar mi mirada por encima de mí, hacia
la
inmensidad
del
universo.

∇∇∇

〈Así sin más, sin saber lo que busco, sin esperar lo que encuentro, sucede. 

Aparece como la lluvia en un verano de sequía y humedece cada parte de mí, hace respirar cada poro.

Así sin más, sin querer buscarlo, sin imaginar el final, de pronto, empiezo otra etapa que ni yo misma pensaba sembrar.

Así sin menos, sin desear, sin ambicionar. La sencillez de dos copas de tinto y la calidez solar de Sara me hacen volverme y ver que sigo entera, sin lastras, verdeazulada, inalterable, integral.〉

∇∇∇

El tiempo sucede tranquilo en la noche de un verano ahora por fin frio.

    La dulzura camina conmigo. La bailo, la canto, ella fluye y yo la mimo.

Porque sin forzar nada, sin esperar nada, todo llega.

La lluvia, la calma………………………………………………………..el sentido.

 

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PRIMAtuVERA

-PRIMAVERAL-

Aparecen los primeros
halos de luz
en el hueco matriz
donde me siento a veces
muy a mi gusto,
envuelta en una profunda oscuridad.

La nocturna
bóveda
vespertina
se disimula
por encima de nosotros
y nos despeja la espesura mental,
diría que empieza a haber más claridad.

En la ausencia de aire
permito posar nuestro rocío
sobre nuevas hojas
y de esta forma
limpio el polvo de la superficie,
aunque solo alcance a la superficie….

Empieza a florecer en mí
un jardín de infinitud
y soy pequeña,
soy pequeña como la sal.
Forma de cristal de tierra,
disuelta cuando llega a la mar…

Mi germinación empezó
gracias a la calidez que, de pronto
me llegó.

Aprovechando
este impulso poético
hacia el Sol
para redimirme
brotaron tallos
y expandí raíces.

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Otro atardecer de luz.

Cuando menos espero volver a tropezar con esa piedra preciosa y deslumbrante, me veo, de pronto, cayendo en el instante de tus ojos; en la profundidad de una mirada que de nuevo prende mis encantos y los pulveriza. De pronto, de nuevo, tus pupilas en las mías. Quema, quema como al principio de la chispa, sin embargo, a pesar de no encontrarme protegida como se debería al practicar un deporte de riesgo, nunca fue demasiado tarde como para arrepentirme, porque el fuego nunca llegó a prenderlo todo, ni llegué, con esa piedra, a caer del todo, a pesar del peligro nunca llegué a aterrizar del todo. Aunque el dolor sí fue real parece que ni el descenso ni la condensación llegaron a término; algo debió de salir mal durante el proceso de calibración de nuestras miradas. Quizás una cuerda se adelantó a la otra, quizás, esa teoría de cuerdas explique algo de esto, quizás es algo que deba aplicarse a este deporte de riesgo del que pocos saben salir ilesos, incluida yo, incluido tú. Pero yo supe, y en estos momentos nuevos también sabía, que una buena parte de mi cuerpo o de mi mente no necesitaba protección alguna, aún en riesgo, ambos se quedarían en suspensión y sostenidos por el aire en algún punto del espacio, porque contigo es siempre la misma sensación de infinita ingravidez, de constante y eterno voleteo. En la conexión de cables, en la posición de cuerdas y el ajuste de tensiones, había de confiar en que el único que podía sostenerme sería el instante de tus ojos en los míos, y que mi cuerpo, nada más volver a tocarte, se convertiría en partículas estelares. Pues ya lo dicen, del polvo venimos y al “polvo” acabamos llegando para convertirnos. Y a esta teoría, no sé si llamarla de cuerdas, de miradas o de riesgos, pero hube de destruir y vaciarme, para crear y penetrarnos, planetariamente.

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Misunderstood

∞∞∞

Decido parar
consciente
en busca de algo.
Buscar donde encuentro
desencuentro
siempre.

Dentro de mi
cerca de aquí

detenerme.

Transformadora
pausa
en la calada.
Me preparo para deshacerme,
abrazada
a la soledad
cuando de ti
ya no se nada…

Solo me responde el silencio de la noche.

Gracias a que tengo cuerpo
puedo con estas sensaciones
que despliegan mis manos.

Ofrezco caos y calma
cuerpo y alma.

Interrumpo los aplausos
para arrodillarme
ante el devenir
cuando me siento iluminada.

Después, tiro la ceniza,
fantaseo con un futuro vago,
borro del pasado lo que no supe dejar ir.

La intención no es cargar más en el presente,
es dar el espacio que necesita el amor
porque tiempo abunda.

Prendo mi consuelo
para que sea elevado,
para que sea incandescente,
para que expanda, se multiplique y mute
en otros versos
que posean poesía
y no esto.

Otra pausa diferente.
Quietud en la calada,
pero diferente.
Me preparo para reinventarme.

Abrazo nueva excusa
cuando de ti ya se que nada,
de ti no puedo esperar nada.

Ahí fuera todo está quieto.
Dentro,
aquí dentro,
muevo
fluyo
cambio
mato,
destapo,
descorcho
la impotencia.

Brindo y bebo.

∞∞∞

No tengo hambre,
estoy inspirada.

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Liberacción

Estar, lo que se dice estar, no estás. No estás porque te has ido y yo te dejé marchar. No estás porque has elegido entre quedarte o resignarte con la valentía propia de los vencidos, dejar de luchar. No estás aquí, conmigo, pero te imagino mejor en otro lugar, con una compañía que te da lo que necesitas, calor, porque mis manos siguen hermanadas con el frío de Siberia y no suelen agradar en pleno Febrero.
Estar, lo que se dice estar, no estás, pero está todo lo demás. Está la ausencia de esa paz al despertar del abrazo amniótico, la luz del sol atravesando los agujeritos de la persiana, las ocho de la mañana de un sábado en el que no se hacer nada más que contemplar en la cama los rizos mutuos, alegres de respirar.
Están las ganas de no temer tener menos de lo que puedo “soportar”. Está la idea de un nosotros frugal frente a su mundo dando la espalda al pasado que tanto nos bebió embriagándonos.
Están los porqués cargados de rencor y excusas, los quizás envueltos en papel de liar, y los te quiero convertidos en ceniza.
Está el hecho de que no me llames y la esperanza de que algún día lo hagas, con premeditación, sin impulso, y me hables desde el corazón curado.
Está el vacío de la creación y el deseo de crear nuevos paradigmas; huecos en los que sumergirme a contemplar tu ser desde otra perspectiva más verbal, más de acción y más real. Llevar a término los límites de lo que fuimos y ponerle punto y final a esto, porque estar, lo que se dice estar, no estás, y no quiero cambiar esta realidad, quiero aceptar lo que es, quiero aceptar que no estés, y de esta forma, aprender a vivir sin ti.

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Me ves
frente a ti
plateada
y creciente,

descorazonándome.

Sí, soy
vulnerable;
CARNE,
EMOCIÓN
Y 
SANGRE

pero hay valentía
entre aborto y aborto.

Hay verdades inciertas,
singular discernimiento,
devenir ocasional de fluidos,
imperfecta precisión de tiempos.

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Mi altar es arte.
Solo yo puedo crearlo y destruirlo.

Mi altar es acto.
Ofrenda o sacrificio.

Mi altar es el umbral.
Un espacio entre lo quimérico y lo real.

Mi altar es símbolo.
A veces soy piedra y otras animal.

Mi altar es el resultado
de conjuros de amor, de juegos de azar.

Mi altar es desde donde veo mi reflejo,
donde hago encontrarse mis Lunas
hasta completar el eclipse, hasta verme llena (o vacía).

Mi altar es esa extensión de mí misma
hacia la materia.

Mi altar es sanar.
Invocar a las musas, y con suerte, escribir poemas.

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CIERRE DE CICLO II

GALACTICORAZÓN

L extraña a S

“Amar, posiblemente, sea el porqué,

porque amor, contigo, todo es posible.”

Todo
me lleva
a ti.

Mi ser
se queda
contigo.

Yo
simplemente
abracé
y tú
claramente
te alejaste.

Ahora
recuperar
mi centro
importa,
no perderme
en el intento.

Resolverme,
siendo consciente
de que lo que no me mata
me vuelve mas inerte.

Destruir
y vaciar
para crear
y penetrar
planetariamente.


Entre los dedos de tus manos
mis interrogantes.

Detrás de ti, mi sombra,
El “Ka” para los antiguos egipcios.

Como gata en celo
anhelo
la fuerza vital
y me miento
deslumbrada por tu cielo,
por tus ojos
y tu cantar de mañana y sol.
Tu olor tostado
Tu movimiento acompasado
Tu libertad.

El invierno
de mi pecho
es de flores;
girasoles y lírios,
enredaderas que suben por la escalera
y precipitan a un vacío.

Romeo sin Julieta
y viceversa
pero me río muchísimo.

Todo ese teatro
esos poemas
esa amarga-salada-ácida
tragicomedia nos aburre.

No podemos ser peor y eso nos libera.
Nuestro espectáculo emocional es delirante.

Y me río.

Aquí,
mi huida
y
tu sombra
por delante,
en todo momento,
descubierta.


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Paréntesis

Epojé, del griego, <<suspensión>>.

[Pirrón, partiendo del supuesto de que no sabemos nada, argumentó que la actitud que más conviene adoptar es la epojé, es decir, la suspensión del juicio o de la afirmación. Para Husserl, la epojé consiste en la “puesta entre paréntesis” no solo de las doctrinas (o doxas) sobre la realidad, sino también de la realidad misma.]

He decidido, tan pronto como vino a mi lado izquierdo del cerebro, dejar que la idea de monotonía saliese de mi cabeza para sacudirla de mi vida, a ser posible por los pies y en forma de baile. Precisando derrocar esa palabra para sustituirla por el nuevo paradigma al que me enfrento, he creado otra palabra, la <<heterotonía>>. Heterotonía: << neutralidad de acción>>. Sustantivo femenino singular que pretende sugerir lo que está entre la monotonía y la diversión. Puede ser utilizado como explicación para ese estado vital en el que uno/a se encuentra cuando no sabe qué cojones hacer con su vida o con respecto al otro.

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Así funciono. Cuando menos te lo esperas me acojono. ¿En qué momento se suponía que el amor podría con todo?

Fueron varios años de magia hasta que dejamos de creer en ella. Entonces hablamos y coincidimos en ese epojé griego. Decidimos dejar de sostenernos para suspendernos y ponernos entre paréntesis.
¿De qué sirve todo esto? ¿Qué se supone que viene ahora?
En mi fuero más interno, desde donde hace tiempo ya no habito, la rabia y la compasión están haciendo fuerza contra todo y pienso: Que te den, que me den, que nos den.
Que te den lo que necesitas. Que te den mil alegrías y todas las tonterías. Que te den las buenas noches y los mejores consejos. Que te den las flores que a mí no me queda más espacio en mi jardín. Que te den por fuera que yo, nos daré por dentro.
Nos daré hasta donde no llegamos a darnos. Nos daré tiempo y nos daré espacio. Nos daré abrazos de olor a incienso. Nos daré confesiones y lecciones de música sin voz. Nos daré todo lo que no nos dimos estando juntos. Y lo más importante, que me den.
Que me den solo la libertad de darme. De darme a mí, mi amor, de reconciliarme con mi poder seductor. Que me dejen darme mimos, darme llantos, darme de hostias y darme orgasmos. Que me den por todos los lados, que lo que antes no quería, ahora lo recibiré sin corazas y con exclamaciones, por todo lo alto. Y que le den a los paréntesis, a las teorías griegas, a los escépticos y a la “heterotonía”. Que el amor no puede encerrarse ni definirse por categorías. Que el amor, es amor, y ahora sí, para cuando yo ya no esté en tu vida, que te den, que te den mi poesía.

 

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